Desvíos múltiples
Hoy contemple las calles cubiertas por la humedad de una llovizna ausente, una imagen de tarde próxima al ocaso de la noche que la sucedía. Temporalmente, había experimentado momentos así, sin mas recuerdo que esa tibia sensación que abandonaba mis sentidos. Que curioso orden predominaba en esta movilidad incesante, sin rumbo, ni conciencia de mí. Alguien se detuvo y miro a través de una vidriera los títulos de unos libros cuidadosamente ordenados, y supuse que cerrados, igual, transmitían a las personas el susurro mudo de sus palabras no leídas. Tenia vida esta suposición de que nada es, sin alguien que lo contemple, y el estruendo a la distancia de la tormenta inevitable, quebró la suave melodía de aquella improbable existencia.¡Con que modo del carácter me niego a volver la vista sobre las acciones que realizo!. Si leo lo que hago, dejo de hacer esa otra cosa que escribiría. Verme es saber quien soy, desnaturalizando lo único que nacer en mi. Si escribo, no leo, si vivo, no pienso. ¿Porque escribir si al hacerlo, letra sobre letra, todo lo creado busca darle relieve a lo que desfallece?. –“Tu fin es otro y usas la palabra como un instrumento para decir, que hasta esa acción es inútil. Vos no tendrías que ser escritor”-. Recuerdo esas palabras como una imagen que me trae, desde donde no se si estoy, a ese otro sitio cualquiera, frente a su expresión de desconcierto. Porque traigo el dolor y las personas no siempre están preparadas para.... Soy el enemigo de la palabra, aliado a su forma, y en esa posibilidad, donde el destino desvió su atención de lo meramente insignificante, siquiera logro actuar conforme a lo que los demás esperarían, sin esperar mas que eso que desconocen y exigen; Destino, no puedo huir de ti, lo oculto te pertenece, la espiritualidad del incrédulo, la bondad del que nunca lo fue, la malicia del bueno, todo se derrama en tu océano, y el mundo naufraga, alrededor de otros mundos y realidades aparentes. Destino, tu pálida luz, brilla, sin distancia, tu esencia, tenaz, paciente, me cubre, y el ocaso amanece, y el ahora termina.




El amor se me presenta con un gesto insano. La perturbación de todas las interpretaciones, el trastornó de todos los pensamientos, reflejados en la sonrisa fría de aquella niña. Expresión ausente, mirada herida, armonía en su caos, encanto en su dolencia. Me consterna y me exalta, la palidez de su rostro, la oscuridad de sus pupilas. Es un amor de asombros y pesadumbres las que me adentran en las profundidades de su oscuro mundo.