Museos y la noche
Hay, sin embargo, claridad en esas voces antiguas, miradas vivas en la muerte construida, rítmica, constante. Esculturas que no logran describir en su totalidad. Mudas sombras apenas. Un nombre. Lagrimas. Nadie sabe. Ellos, entre la nada y la nada. Nadie los ve, y es una ausencia, la emoción enmarcada que los atraviesa. Pasos que resuenan en los salones que se conectan. El techo alto. Un asomarnos desde el otro piso y ver a las personas que se desplazan en una dirección continua. El transcurso detenido en la niebla que se vuelve aire, ligera bruma en la realidad que se nos proyecta. Buscamos la salida, como quien intenta salir de un cementerio de luces. Escaleras abajo. Mostrador. Rostros. Voces. Y la noche ahí afuera, que nos abraza, en un rencuentro de resignada brisa...

Hay vibración sobre esos muros. Desapercibida por esos concurrentes autómatas, ajenos, inmersos en la nada; consumistas del momento. Y nosotros buscando aire, ahí afuera…
Tu relato es exquisitamente descriptible de esas situaciones en las que nos vemos en los márgenes, cuan espectadores de un mundo asfixiante. Y tus imágenes captadas al igual que tus letras pintadas invitan a la emoción, inextinguiblemente.
Posted by
Anonymous |
6:10 AM
Cementerio de luces. Cripta de cristal. Epitafios en eso que no llegan a decirnos los artistas, o dicen, en su críptico lenguaje.
Esa noche recorrí el barrio de San Telmo, y hasta encontré ese lenguaje en las calles de empedrado imperfecto.
Me alegra saber, como decís vos, que no le das fin a lo que no tiene comienzo.
Gracias Psico.
Posted by
Anonymous |
8:45 PM